MERITXELL COLELL: “SIEMPRE HABÍA PENSADO QUE NUNCA DIRIGIRÍA”.

28/09/2022

Este mes entrevistamos a la directora barcelonesa Meritxell Collell Aparicio que acaba de estrenar su nueva película Dúo. Un viaje al centro de la pareja, a dos personas que dejan de ser dos. Con ella hablamos del film, pero también de su carrera como directora.

En este nuevo film, Dúo, sigues con al personaje de Mónica que ya protagonizaba tu primer largo Con el viento. ¿Qué conexión hay entre las dos películas y por qué has decidido continuar con la misma historia?

Las dos películas son viajes transformadores y cuestionamientos sobre la identidad y tu lugar en el mundo. Y si bien en Con el viento había este movimiento de apertura y de reconciliación, aquí lo que se dibuja es llegar a tomar la decisión de continuar sola, por un cuestionamiento del quién soy, qué hago aquí, por qué, por quién. Cuando se pone en crisis la relación de pareja, la relación con el arte al cual te dedicas, la relación con un lugar al cual no puedes volver, que es el pueblo, porque la casa se ha vendido. Y esto, mueve toda una serie de cuestiones en la protagonista. Con Mónica García nos quedamos con muchas ganas de continuar trabajando juntas, de continuar siendo compañeras de viaje, porque la considero una compañera de viaje y de seguir explorando tanto otros registros actorales, así como este personaje. Y también, cómo una transformación como la vivida en Con el viento compartiendo tiempo con su madre, podía resonar en la vida que había dejado atrás. Esta vida en Argentina con su pareja de 25 años. Cómo una transformación genera una nueva crisis.

 

Viviste en Buenos Aires cuando estudiabas cine. ¿Por eso está ambientada la película allí? ¿Cuál es tu relación como cineasta con el país?

Estudié en la Pompeu Fabra comunicación audiovisual que tenía un convenio con la Universidad de Cine. Fui allí a estudiar un semestre cuando tenía 22 años y me quedé tres años. Y, de hecho, mi carrera como montadora empieza allí. Fue un lugar de descubrimiento en muchos sentidos, tanto en el ámbito profesional como personal y social. Es una ciudad a la que quiero mucho y la siento muy adentro. Y siempre que pueda volver a Argentina, lo haré. Pero una de las decisiones de Con el viento, de instalarla en Buenos Aires, no era solo por este vínculo, sino también por la cosa transoceánica. No es lo mismo vivir en Madrid o en Londres, que en Buenos Aires que queda realmente lejos. Era marcar esta distancia del océano.

 

En ambos films hay un tipo de confrontación entre dos mundos, uno más moderno y el mundo tradicional, ¿por qué te interesa esta dicotomía?

Porque lo que empieza siendo una confrontación no acaba siéndolo, sino que se convierte en una relación mucho más compleja. Por un lado, sientes la distancia que hay, pero del otro hay muchos puntos de conexión. Por ejemplo, en Dúo me interesaba mucha hablar, por un lado, de esta relación del arte contemporáneo con un arte comunitario, justamente para poner en boga el yo, o el yoismo del europeísmo, frente al nosotros de estas comunidades originarias que continúan trabajando de forma asamblearia y como esto también está presente en el arte. Y más también en una pareja en crisis donde el dos o el “nosotros” ya no existe, sino que es uno más uno. Y, por otro lado, para romper y cuestionar esta idea de llevar el arte a lugares donde no lo hay. Donde se hacen este tipo de giras, de decir: “llevaremos el teatro a” ...Y romper esta idea misionera casi del arte.

 

Hay un momento que uno de los indígenas de la asamblea dice: “Los Atacamas somos de la cultura del silencio”. En tus dos films el silencio tiene una gran importancia. Lo que no se dice. ¿Por qué te interesa también esto?

El silencio para mí es una forma muy bonita de trabajar el gesto, los rostros, los cuerpos, los estados, ...y, sobre todo, para no significarlo todo. En la vida nos pasa también que a veces decimos cosas que van mucho más allá de lo que decimos. Pasan muchísimas cosas por dentro nuestro o en las relaciones con las personas y a veces, una mirada es mucho más clara que cualquier palabra. Por eso me interesa que lo que está pasando por dentro no se diga, sino que se exprese a través de los cuerpos.

 

Tiene mucha importancia el montaje en la película. Tú empezaste como montadora. ¿Ya tenías la intención de dirigir o fue una cosa que surgió así?

Siempre había pensado que no dirigiría nunca porque cuando estudias, vas viendo las películas del “genio director” que lo sabe todo, lo tiene todo claro y es brillante. Y yo, claro, pues no (risas). Pensaba: “Nunca podré dirigir”. Y de repente, montando películas con otras personas y haciendo Cine en curso ves que el cine puede ser un arte mucho más colectivo, compartido, familiar, artesanal y entonces desde aquí sí que puedo verme con la fuerza de sacar adelante creaciones. Y aquí llega Con el viento.

 

Volviendo al montaje. Parece que la frontera entre ficción y documental es muy fina en Dúo. ¿Tenías claro desde el principio que la harías así?

Para mí es una película mucho de ficción, una ficción clara, pero muy arraigada en la realidad. En este sentido, el montaje fue complejo, largo y fascinante. Íbamos compaginando el trabajo con Ana Pfaff, con quien siempre trabajo en el montaje, con trabajar en solitario para encontrar la película a través del material. Necesitábamos cierto recogimiento, entender que había, irlo encontrando e hilando justamente para que estos diarios en Super 8 no chocaran con la voz de Mónica. Fue todo un trabajo de decir que sí, que no, cuándo, cómo e ir viendo cómo se podía articular todo este juego de los dos universos. Este viaje compartido y este espacio interior de ella para pensarlo.

 

¿Es por eso que hay muchos primeros planos? Por ejemplo, están bailando, pero no vemos el baile, sino las caras de los dos protagonistas, su expresión. ¿Te interesaba más el acercamiento y la intimidad?

Había varios ejes en este sentido. Sí que es una película muy radical en la cual filmamos todo con una óptica de 40 milímetros. Desde el principio teníamos clarísimo que viviríamos la película desde el punto de vista de los personajes. También porque cuando estás en el presente de tu vida, no tienes perspectiva. No tienes este plan abierto del cineasta que se tiene que hacer desde lejos. Estás adentro. Y en este sentido, queríamos trabajar desde dentro y compartir tanto el viaje físico y sensorial de estos personajes como también el emocional. Estar con ellos en este cierre que a veces puede parecer muy claustrofóbico, pero que es como están ellos también.

 

En relación con nuestra ciudad. ¿Qué te aporta a ti Barcelona como cineasta?

Hablar de Barcelona es difícil porque he nacido aquí. No puedo entender la creación sin Barcelona. Por un lado, sí que esta película está situada fuera de Barcelona y Con el viento también, pero todo mi círculo, la comunidad que somos de cineastas y amistades, están aquí. Y son grandes impulsores de creatividad. Los amigos y amigas cineastas, con quienes compartes guiones y montajes están aquí. O un proyecto como Cine en curso instalado centralmente aquí. Todo esto es la red que permite que haga cine.

 

¿Cómo llegaste a Cine en curso?

Conocía el proyecto desde sus orígenes, pero en 2005 estaba en Buenos Aires. Y uno de los motivos para volver, de hecho, fue Cine en curso. Tenía clarísimo que quería participar en un proyecto como este, tan revelador y tan necesario, de acercar el cine como acto de creación a escuelas e institutos públicos. No tanto para profesionalizar o crear cineastas, sino para que amen el cine, lo vivan y descubran el mundo a través del cine.

 

¿Y qué te ha aportado a ti como directora trabajar con los y las alumnas?

Siempre lo digo, no sería la que soy ni como persona ni como cineasta si no hubiera entrado en Cine en curso. Por un lado, me dio la fuerza para ser directora. Entender esto, la posibilidad de ser colectivo dentro del cine. Y, por otro lado, haciendo Cine en curso cada año, tengo la oportunidad de revivir esta primera vez, este descubrir el cine o el mundo a través del cine. Y esto es maravilloso. Te hace reconectar con la esencia del cine y esto te permite renovar la energía para continuar haciendo cine, porque a veces es difícil levantar películas, presupuestos...Tienes que pasar por muchas esperas de subvenciones, de festivales, hay momentos muy duros realmente que te podrías plantear: “¿por qué hago cine?”. Y Cine en curso me hace tener claro porque lo hago.

 

¿Qué retos te has encontrado a la hora de rodar esta película en concreto?

Ha sido una película muy compleja. Si bien enseguida contamos con las ayudas de INCAA, ICAA e ICEC. Cosa que fue maravilloso. Nos pasó primero que nos quedamos en mitad del rodaje por la pandemia y después la devaluación infernal en Argentina. Todo ello fue muy complicado. Un poco como una derrota, pero por eso Mónica el otro día que la estábamos presentando en Madrid decía que es una película milagro. De decir, la acabamos sí o sí.

 

¿Cómo trabajas con los actores? ¿Cuál es tu método y más repitiendo con Mónica que ya teníais la manera de entenderos?

Desde el diálogo. Para mí es muy importante escuchar, dialogar, compartir materiales, correspondencias de todo tipo. No solo el guion, en el caso de Dúo, sino imágenes, canciones, la residencia artística que hicimos con ellos. De cómo crear un dúo juntos. Y de encontrarnos desde los cuerpos. Cuando trabajas así, mucho en diálogo, es muy bonito porque siempre acabas encontrando un lugar común que no está nada lejos del que tú inicialmente tenías en mente, pero llegas desde ellos. Para mí es superimportante que los actores encarnen los personajes y nunca digan o hagan algo que ellos no harían. En este sentido, siempre instalamos las puestas en escena partiendo de las personas y los espacios y después la cámara va por detrás.

 

¿Difiere mucho el resultado final de la película con la idea inicial que tú tenías en mente?

Es muy diferente, pero se tiene que abrazar la diferencia. Al final la película nos ha llevado hacia aquí, es lo que es, y el proceso ha sido maravilloso. También lo que es muy bonito de Dúo es que nos ha llevado a un nuevo proyecto. Lo más gratificante que tiene hacer cine es cómo un proyecto te lleva a otro y cómo vas aprendiendo con el equipo con el cual trabajas.

 

¿Ya tienes un nuevo proyecto en marcha?

Sí, se llama Lejos de los árboles. De hecho, estamos en Ikusmira Berriak, la residencia del Festival de San Sebastián. Es el viaje épico e iniciático de Angélica, que es una artista sonora que teje un mapa de sonidos de los Andes. En este viaje, el insomnio, el mal de altura y el hecho de que su abuela de 98 años esté muriéndose en México la llevan a un descenso. Y por la noche, las voces, los seres, los relatos, las canciones y los recuerdos de su México natal se apoderan de ella.

Ahora estamos en fase de desarrollo combinándolo con preproducción. Con Dúo hicimos cinco viajes de documentación, ahora hemos hecho un viaje de documentación a Perú. Tenemos una versión de guion cerrada, ayudas de desarrollo de ICEC e Ibermedia y ahora estamos esperando a ver qué pasa con las ayudas de producción para acabar de defin

 

Foto: Núria Aidelman

 

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