LOLA CLAVO: “Como se supone que todos tenemos intimidad, se piensa que no hay que trabajarlo. Cuando precisamente lo que hay que hacer es separar tu intimidad de lo que es la intimidad en escena".

19/01/2023

Este mes entrevistamos a Lola Clavo, coordinadora de intimidad, una figura bastante reciente y necesaria dentro de los rodajes. ¿Sabéis en qué consiste su trabajo?

¿Qué es la coordinación de intimidad?

Esta figura es nueva, en España lleva más o menos un año. Somos especialistas de las escenas íntimas. Cuando tienes una escena de karate, de lucha o una coreografía, tienes un especialista. Cuando tienes una escena íntima, ahora también tienes una especialista. Tenemos esa doble función de prevención, de seguridad, de proteger a los intérpretes y al equipo de posibles situaciones que puedan ser desagradables. Y, por otra parte, trabajamos las escenas de una manera más creativa, aportando ideas a la hora del movimiento del cuerpo, ayudando a los intérpretes, haciendo investigación, coreografiando. También traemos un montón de cosas como barreras o prendas, por ejemplo, para fingir que alguien está desnudo.

 

No son solo escenas de sexo, ¿no?

Para nada. Son escenas íntimas. Donde hay desnudos o semidesnudos. A veces lo que se ve es una parte del cuerpo de un intérprete que por lo que sea, una marca de nacimiento que no le gusta enseñar, por ejemplo, le es más vulnerable. Eso podría ser una escena íntima. O escenas físicas entre dos miembros de la familia, un padre y un hijo que se abrazan y que tienen una relación más física. Eso también lo trabajamos porque no dejan de ser dos personas que muchas veces ni se conocen. Un personaje que tiene un problema de movilidad, que ha tenido un accidente y en la escena le están limpiando, un médico que está explorando un paciente,…Todo esto son escenas de alta vulnerabilidad e íntimas. También analizamos los guiones para ver, a parte de las escenas obvias, si hay algunas que podrían ser íntimas. Entonces, hablamos con dirección y actores para averiguar cómo va a ser esa escena realmente. Y ahí hacemos nuestra valoración de realmente dónde necesitamos trabajar, no solo en las escenas de sexo. Aunque la mayoría son de sexo o desnudos.

 

Parece increíble que esta figura no haya existido antes, ¿no?

Por supuesto, pero en realidad, ese es el mundo en el que hemos vivido y en el que aún vivimos, donde se pone mucho cuidado en unas cosas y se olvidan otras totalmente. Y como los cuerpos que más han sufrido esto son los de las mujeres, los que más vulnerables han estado y como la sexualidad o el cuerpo es algo de lo que no se habla. Como se supone que todos tenemos intimidad, se piensa que no hay que trabajarlo. Cuando precisamente lo que hay que hacer es separar tu intimidad de lo que es la intimidad en escena.

 

¿Trabajas de forma coordinada con el resto del equipo?

Trabajo un poco con todos, dependiendo de la escena y las necesidades. Obviamente con vestuario trabajamos codo con codo, porque hay que preparar la escena y necesitamos saber qué llevarán puesto. Tenemos que trabajar con ellas para entender si va a haber un desnudo o semidesnudo, cómo lo vamos a hacer. Con maquillaje si hubiera que cubrir cosas del cuerpo como un tatuaje. Siempre muy cerca también cuando alguien está más expuesto. Y luego, obviamente con dirección trabajamos codo con codo y con producción. Tenemos que coordinarnos con fotografía muchas veces también, para entender cómo va a ser la secuencia, cómo está planteada, qué tiros de cámara hay, cómo va a estar iluminado. Suelen ser estos los departamentos con los que más trabajamos. Pero a veces si hay que microfonear, también tenemos que hablar con ellos sobre cómo lo vamos a hacer. Es un trabajo colaborativo.

¿Cómo llegas a ser coordinadora de intimidad?

Tenemos diferentes perfiles. Siempre llegamos desde alguna otra cosa. Personalmente, vengo de la dirección de cine. Estudié dirección de ficción y un máster de dirección de ficción. Luego me puse a hacer documentales. Siempre tuve mucho interés en la sexualidad, en hablar a través del cuerpo, tratar la intimidad. Lo he trabajado mucho como directora. Ahí aprendo mucho sobre cómo ubicarme, cómo intentar hacer las cosas bien, aunque también a veces no las he hecho bien.

También tenía interés entre qué es realidad y qué es ficción. Si en un corto de ficción la escena de sexo es real, ¿se convierte en porno? Me interesaban los límites. Hice porno experimental o porno ético. Y allí es donde aprendí más, porque al final es un medio donde más colaborativamente trabajas. Las obras se crean en colectivo. Hablas con los intérpretes, pero ellos deciden lo que quieren hacer y lo que no. Tú tienes una idea. Y es cuestión de encontrar este acuerdo entre todos. Allí aprendí sobre consentimiento, sobre cómo comunicarme, cómo respetar, cómo dar espacio. Y después de esto, me di cuenta que estos temas en la ficción independiente se trabajan, pero en la ficción mainstream vemos unas escenas íntimas terribles. ¿Por qué? ¿Qué podemos hacer? Empecé a dar talleres y cursos sobre todo para directores de escritura, análisis y preparación de escenas de sexo. Y preparando uno de esos cursos, me encontré con esta figura. “¿Cómo no has visto esto antes?”, me dije. Es perfecto para mí, me interesa muchísimo. Porque además hay cosas que sé, pero otras no. Empecé a buscar todo lo que pude sobre el tema. Había poco, era en el 2019, 2020. Escuché entrevistas, leí artículos, me apunté a todos los cursos online que encontré.

Hay formaciones oficiales, pero son muy pocas, están casi todas en EEUU y son muy caras. Es muy difícil entrar, te exigen mucho recorrido y currículum. Quieren ver la trayectoria que tienes. Es una formación que coge de muchas formaciones. Hacemos cosas sobre el trabajo con el cuerpo, la cultura del consentimiento y cómo entenderla y cómo orientarla, trabajamos el trauma, las dinámicas de poder, cursos antirracistas, de diversidad sexual… Hay algunas formaciones en EEUU, Reino Unido y Sudáfrica. En Europa solo conozco en Reino Unido.

 

¿Qué es el que más te gusta de tu trabajo?

El saber que, haces un pequeño cambio en la vida, que mejoras la experiencia de un rodaje para mucha gente. Que una situación que muchas veces es muy estresante, compleja o que puede despertar mucha angustia o traumas, facilitas que vaya bien. Cuando terminamos de rodar y me viene un intérprete, un director o alguien del equipo y me dice: “que bien que estuvieras aquí, me has ayudado muchísimo, estoy más tranquila o tranquilo”. Además, quieres que la escena sea increíble.

 

¿Cuáles son las principales dificultades que te encuentras? ¿Se adaptan bien los equipos a esta nueva figura?

Hay de todo. No he tenido ninguna experiencia muy mala, espero que no me pase, pero tengo compañeras que sí. Aunque tú te hagas una idea y decidas contratar coordinación de intimidad, luego la realidad es que no sabes cómo funciona. Es muy difícil hacer entender bien a la gente qué hacemos y cómo nos pueden utilizar. Muchas veces no nos dejan hacer nuestro trabajo, pero no se están dando cuenta. Es difícil hacer entender a alguien que no está haciendo algo correctamente sin tener que decirle esto. Porque también entiendes que lo han hecho así toda la vida sin darse cuenta. Son cosas muy sutiles. Todo el mundo sabe que cuando hay un desnudo, se hace un set reducido, que todo el mundo respeta, pero hay pequeños detalles en los que cuesta más entrar. Será poco a poco con la experiencia de ir trabajándolo, que la gente lo vaya entendiendo y experimentado. Me pasa mucho que después de rodar me digan: “ay que guay, pero no pensaba que esto iba a ser así. Creí que ibas a hacer solo esto o que no íbamos a entrar en esas cosas. Que solo estabas para vigilar”. Hay esta concepción de que somos la policía de la moral, y para nada, es lo contrario, estamos para que haya más escenas explícitas.  

 

¿Crees que esta figura está suficientemente presente en los rodajes aquí?

En el estado español hay cinco que yo sepa. Hemos creado una asociación. Otras personas se están formando, hay mucha gente interesada. En Cataluña, creo que soy la única. También trabajo con una chica que se está formando, a veces me ayuda, así que pronto seremos dos. En el resto de Europa hay más gente. A parte de Reino Unido que sí que hay más porque también lo hacen mucho en el teatro. Pero sí sé que, en Alemania, en Francia, en Letonia, en Italia hay una o dos personas. Van habiendo algunas, pero muy poquitas.

 

Eres cofundadora de RED ICIE – Red Internacional de Coordinación de Intimidad para el Espectáculo. ¿Cómo nació esta organización y por qué? ¿Y qué diferencia hay con la asociación de Profesionales de coordinación de intimidad de España?

La RED ICIE es internacional y la fundamos junto con la coordinadora María Soledad Marciani, que es argentina pero que está afincada en Italia. Empezamos a hablar porque ella me encontró online. Éramos muy pocas y simplemente quedábamos por zoom para compartir experiencias. Todo esto viene mucho del inglés y de la cultura norteamericana. Y había cosas que no nos acababan de funcionar, por ejemplo, del lenguaje. ¿Cómo hablar de esto con nuestro lenguaje y en nuestra industria? La RED ICIE nace de esta idea de compartir experiencias e intentar crear pensamiento desde lo latino, de Latinoamérica o del sur de Europa, sobre el tema. Porque no es lo mismo trabajar en Reino Unido o Alemania que en Italia o España.

La asociación viene de esta necesidad, todas éramos de la red, pero allí hay gente de otros países. Y para poder unificar tarifarios, hacer reivindicaciones, formación, dar charlas... Creamos una asociación de profesionales. Somos poquitas, pero imaginamos que crecerá y estaría bien estar organizadas.

 

También haces formación relacionada con la intimidad y la sexualidad en escuelas como Escac o La Casa del Cine. ¿Es más consciente el alumnado sobre la importancia de esta figura?

Claro. Hay cosas que ya las tienen asimiladas, pero depende mucho de la persona. Hay gente de mi edad o más mayor que tienen ganas de aprender y de cambiar. Lo que sí tienen los estudiantes es que están deseando tener nueva información, están muy abiertos a que les enseñemos cosas. Y eso se nota, no están ya trabajando en su película, sino que están en clase, y de lo que les explicas se empapan. A mí me gusta mucho hacer esto porque creo que cuando se te asientan ciertas cosas, haces unos clics, que te llevas a tu vida profesional y personal. Como cuando hacemos cosas sobre consentimiento, entender cómo es decir que no a alguien. Hacemos ejercicios de este tipo, para que lo sientan en su carne. Hablamos de las dinámicas de poder y les hago entender lo que es el poder, que todos lo tenemos, qué significa para alguien decir que no a alguien con poder. Hablamos de todo esto que no tiene nada que ver con el cine, pero tiene todo que ver. Ya que, en realidad, es muy jerárquico.

Si queremos romper estas dinámicas de abuso, tenemos que entender de dónde vienen. No podemos decir solo que él es la mala persona. Hay todo un sistema que hace que esto pase. Cuando hago las formaciones, más allá de que luego hacemos prácticas de rodaje, lo primero que intento que entiendan es todo esto. Y funciona. Aunque luego sean torpes en el rodaje y hagan algunas cosas mal, sí que es algo que se llevan a su vida profesional. Me escriben alumnos al año siguiente para decirme que están preparando algo y tienen una escena de abuso o una escena íntima y me piden que les eche un vistazo o si conozco a alguien que les haga la coordinación de intimidad. Toman mucha conciencia rápidamente e integran mucho el rol de decir: “necesito a alguien que me ayude”. Porque hasta ahora a los estudiantes se los dejaba a las bravas. Es muchísima responsabilidad.

 

Has colaborado con la serie Smiley de Netflix que rodó en Barcelona, ¿cómo ha sido la experiencia? Al ser una empresa americana, ¿esta figura está más presente?

Netflix tiene desde hace tiempo integrada esta figura en todas sus producciones a nivel mundial. Si haces una serie para la plataforma, tienes que tener coordinación de intimidad. No viene de la productora local, eso puede ser un problema a veces. En el caso de Smiley, para nada. Nos recibieron con los brazos abiertos, nos dieron un montón de facilidades, pudimos ensayar. Pero siempre te estás peleando para que te den tiempo para hacer los ejercicios con los actores, para hacer un calentamiento. Por lo mismo, porque no saben cómo planificarte dentro del rodaje. Te dan cinco minutos y les dices que necesitas veinte. Y en las grandes producciones pasa mucho. En una serie como Smiley en la que se hacen un montón de secuencias al día había un poco de prisa, pero la experiencia fue muy buena. Con un ambiente de rodaje estupendo. Éramos un equipo que lo llevaban las chicas de Madrid de IntimAct, un colectivo de intimidad, pero como están allí y no podían venir siempre, me llamaron. Y fui alguno de los días al set.

Es un rol que cada vez está más integrado en la industria. Si estás preparando una serie, a la que tienes una escena de sexo, te llaman. Por ejemplo, me ha pasado con una actriz muy joven y aunque no era una cosa muy explícita nunca se había besado con nadie en cámara. Se piensa en nosotras más rápidamente. Es importante que entremos en los proyectos ya desde que tienes un guion más o menos cerrado. En mi caso, analizo guiones y hago asesorías, puedo ver si las escenas tienen algo que les puedo sugerir ya desde el guion. Y sino desde la preproducción, por supuesto. Nuestro trabajo empieza antes del rodaje, para prepararlo todo tan bien, que todo vaya como la seda. Que nadie se dé cuenta de que estamos ahí y si hay algún imprevisto, poder hacer los cambios rápidamente.

 

¿Se ha adaptado mejor la televisión que el cine a esta figura?
Es que se hacen muchas series. Mucho contenido y como los rodajes son más largos, aunque no siempre. Solo he trabajado en series, en un cortometraje y en un videoclip. Sería interesante también adaptarlo a la publicidad, a los anuncios de perfumes. Normalmente son modelos y no actores, suelen ser muy jóvenes. Y como son modelos están acostumbrados a estar desnudos, pero no es lo mismo una pasarela o una sesión de fotos que un rodaje.

 

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