Laura Herrero: “Para mí, lo más importante a la hora de dirigir es saber como quieres mirar y hacia donde quieres mirar”.

27/04/2021

Este mes entrevistamos a la toledana Laura Herrero Garvín, directora del documental La Mami que se estrenó el mes pasado en nuestros cines. 

Hace un año que pudimos verla por primera vez en el D’A Film Festival justo cuando la pandemia empezaba a azotarnos. Herrero ha desarrollado su carrera como documentalista en México y esta es su primera coproducción con España. Hablamos con ella de La Mami y de su carrera en el mundo del documental.

¿Cuándo decidiste que querías dedicarte al cine documental? Si es que lo decidiste conscientemente en algún momento.

En España estudié una ingeniería en telecomunicaciones especializada en imagen y sonido. Y luego viajé mucho por el mundo e hice muchos intercambios académicos. Siempre me ha gustado el audiovisual. Así que, cuando viví una temporada en Estados Unidos después de haber acabado la carrera, empecé a estudiar cine, que era algo que me llamaba la atención desde hacía tiempo. Soy de un pueblo muy pequeñito de Toledo, de una familia muy humilde. Y el cine que me atraía. Para una niña como yo era muy difícil soñar con dedicarse a ello. En Estados Unidos empecé a hacer talleres y cursos de cine y cuando me fui a vivir a México, lo hice ya con la idea de centrarme en hacer cine. Hice una carrera de cine intensiva. Allí me involucré con un movimiento social y esto fue clave.

En 2011, con la muerte del hijo de un poeta en México, estalló un movimiento social muy fuerte llamado Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad, de familiares de asesinados y desaparecidos. De forma instintiva, un grupo de gente que estábamos con cámaras en la ciudad donde pasó, Cuernavaca, nos juntamos a grabar. Yo fui con mi cámara que me acababa de comprar. Juntos creamos un colectivo que se llamaba Emergencia MX y seguimos a este movimiento social durante un año y pico. Ahí fue donde me di cuenta de que el cine documental era una herramienta que podía llenar todos mis deseos profesionales y creativos, pero también los ideológicos y políticos y que era algo potente y muy maravilloso. Y supe que era lo que quería hacer en la vida. Desde entonces, no he parado.

 

¿Ves el audiovisual como una herramienta de participación y compromiso, de denuncia?

Empecé a hacer cine a través del cine político y social y es algo que tengo muy claro. Para mí, en ese momento, era una herramienta superpotente de inmortalizar, de dinamitar, de que lo que estábamos viendo a través de nuestras cámaras llegara a muchos más lugares. De viralizar. Luego a partir de ese movimiento social y de ese colectivo, nos reunimos siete mujeres que estábamos haciendo otras cosas y creamos La Sandía, una colectiva feminista que trabajaba el cine documental con una perspectiva de género y centrado en derechos humanos, un cine feminista. Con el tiempo, empecé a conectar con un cine más autoral, que interpela a algo más subjetivo y que tiene que ver más con la esencia y no tanto con una mirada más social. Aunque creo que todo lo personal es político y social. En el trabajo que estoy haciendo ahora mi cine no tiene un punto de reivindicación tan fuerte, aunque esté ahí, tiene una conexión más subjetiva y personal. Al final, como todo arte, trasgrede, pone sobre la mesa cosas y eso hace que de alguna forma cambien social y políticamente.

 

Has desarrollado gran parte de tu carrera en México y tus películas han sido producidas o coproducidas allí. ¿Por qué y qué es México para ti?

Siempre digo que México es un país que me ha hecho ver la vida en estado puro. Caminando por México, viviendo México, viajando México y mirándolo a los ojos, he visto las cosas más putrefactas y asquerosas de mi vida, pero también las más luminosas y esperanzadoras. Tener todo esto sobre la mesa te hace estar mucho más alerta, más atenta y esto hace que el espacio de creación sea muy vivo y presente. Eso es muy importante para mí. México me ha dado toda esta viveza y estas ganas de vivir, de contar y de retratar lo que tenía delante por medio del documental.

 

¿Cómo conociste al personaje de La Mami y cómo surgió la idea de hacer un documental sobre ella y el cabaret Barba Azul?

Nació de una noche de fiesta con un amigo. Estaba montando mi primera película, El remolino, y un amigo músico, que fue el que acabó haciendo la música de la película, me dijo: “Te tengo que llevar a un lugar que te va a encantar. Se toca salsa en vivo, cumbia, boleros…”. A mí me gusta mucho bailar. Esa noche, en una de las idas al baño, conocí a la Mami. Era un poco arisca, pero luego empecé a escuchar como las chicas que trabajaban allí como ficheras se dirigían a ella: “Mami, me estoy enamorando de este cliente. Mami, estoy cansada. Mami, ¿cómo me queda este vestido?”. La Mami estaba atenta a ellas. Y empecé a entender cómo de importante era esta mujer en este espacio. Esa misma noche me acerqué a ella y le dije que me dedicaba a hacer documentales y que me apetecía adentrarme en su historia y conocerla un poco más. Y me dijo: “Si quieres ven mañana a las nueve”. Y ahí empezó todo, aunque después fue un proceso de cinco años.

 

Un documental como este requiere crear una relación de confianza tanto con la Mami como con las chicas, ¿cómo fue ese proceso de conocerlas y acercarte a ellas?

Son mujeres que cargan con un estigma y un prejuicio muy fuerte. También quería hacer una película íntima y cercana, que no frivolizara, ni supusiera, sino que fuera más allá. Esto era importante tenerlo presente y saber que el proceso de investigación me iba a llevar mucho más tiempo de lo que imaginaba. Estuve visitándolas casi durante tres años para ganarme su confianza. También fue importante ofrecerles diferentes formas de estar en la película: podían no estar, estar solo con voz o con voz y con cuerpo, pero sin rostro o con todo. Era importante que ellas pudieran elegir de qué forma participar.

 

Toda la película sucede en un espacio reducido, los lavabos del cabaret Barba Azul, no en la sala sino en la relación que se establece en un espacio reducido entre la Mami y las chicas. ¿Cómo planteaste la dirección del documental teniendo en cuenta este hecho?

Por lo que me sentí atraída fue por el baño. Siempre pensé que era el centro de todo, de las conversaciones… Pasé mucho tiempo allí observando, oyendo. El centro de la película era la Mami, pero luego surgió este nuevo personaje de Priscilla, que se volvió también centro, y la película se convirtió en un espacio de encuentro entre ellas. Siempre que afronto un documental me gusta entregarme al proceso. Durante este, tomas decisiones formales que te ayudan a entender hacia dónde vas.

Esta película sucede entre este baño de colores ocres, luminosos y dónde la cámara va a estar más quieta observando el espacio de la palabra. Y en la pista de baile, dónde la cámara es mucho más subjetiva, interactúa, es el espacio del lenguaje corporal y dónde las mujeres se exponen más. Está la voz del hombre, el cantante que canta al amor romántico, a los celos, a las pasiones. Fue muy importante entender cómo dividir la narrativa entre estos dos espacios. Entre el baño de mujeres y la pista de baile y estas escaleras que hacían que pudieran transitar de un lugar a otro. Empezar a tomar decisiones formales en cuanto a eso, ayuda mucho a sostener la mirada de la película y también es importante, para mi sobre todo lo más importante a la hora de dirigir, saber cómo quieres mirar y hacia dónde quieres mirar, a quién quieres mirar. Y a partir de ahí, no pierdes la mirada hacia muchos lugares, sino que la diriges si sabes hacia dónde vas.

 

¿Cuáles fueron las mayores dificultades que tuviste que afrontar durante el rodaje?

Sobre todo, al principio, intentar que las chicas participaran fue complicado. Es verdad que el baño de mujeres era un reto porque había miles de espejos, pero luego me habitué tanto que todo confluyó. También hubo un reto muy fuerte con el ruido, había mucho y también estaba el que venía de abajo. Y luego tejer un diálogo que se sostuviera entre cuatro paredes con una señora que está sentada la mayor parte del tiempo como centro y con estas chicas que van y vienen. Esta noche frenética, muy de fluir, de dejarte llevar por ellas.

 

Suponemos que el montaje fue clave también para el film. ¿Cómo fue el proceso?

Tuvo dos partes. Una con Lorenzo Mora que fui el montador de mi primera película. Trabajábamos en México a la vez que filmábamos. Rodábamos, íbamos a la sala de montaje y pensábamos. Entonces, los siguientes días de rodaje entendía mejor hacia donde podíamos ir. Hubo muchos espacios de reflexión con Lorenzo. La película se grabó mucho pensando en cómo se iba a montar, por eso hay muchos planos/contraplanos y fuera de campo que se va construyendo alrededor de la Mami, de Priscilla y de las chicas que sí muestran su cara.

En diciembre decidí volver a Barcelona. Y aquí seguimos el montaje con la montadora catalana Ana Pfaff. Le dimos como una segunda vuelta, de tempos internos y de elipsis, que fue superimportante. Ana supo hacer el último clic. Con ella hicimos que la película se sostuviera mucho más en el baño y pudiéramos construir tota esta tensión con las miradas.

 

La película se estrenó en el D’A del año pasado en formato online a causa de la pandemia. ¿Cómo te ha afectado toda la situación sanitaria?

El estreno mundial fue en la selección oficial de IDFA en Amsterdam, que es el festival de documentales más grande del mundo. Al estar en la selección oficial tuvo mucha repercusión y la película empezó a volar un montón. Luego estrenamos en Suecia, en Finlandia, en EE.UU. en el MOMA de Nueva York. Íbamos al South by Southwest, Guadalajara…Marzo, abril y mayo íbamos a un montón de lugares y la pandemia nos afectó muchísimo, porque estábamos justo en la cresta de la ola. Es verdad que planeamos mucho, pero no nos estrellamos. La película ha seguido volando. Sí que es verdad que cuando haces una película, sueñas que se vea en pantalla grande. Así que ha sido difícil entender que no pudiera ser así. Pero bueno, estrenamos en España en cines el cinco de marzo y ha ido muy bien. Tendrá su ruta en un circuito más cultural e iremos viendo opciones. Para mí es muy importante que la gente la vea en cines, porque cambia mucho la percepción de la película. Estrenaremos en México, también en Estados Unidos. Pero, inevitablemente, la pandemia nos ha afectado.

 

¿Es difícil encontrar distribución para un proyecto documental?

Sí. La gente está más acostumbrada a ver ficción que documental, sobre todo, cine documental. Hay un imaginario colectivo sobre qué es el documental que es otra cosa, se confunde con el reportaje. Hay un hilo muy fino y confuso que se está empezando a romper. Este año ha sido un año muy bueno de documentales. Se han estrenado películas muy potentes y es maravilloso que haya habido toda esta repercusión. La Mami está teniendo muy buena acogida y hay foros donde a la audiencia le gusta ver documental. También hay documentales como este, que pone sobre la mesa que la línea delgada no está entre el reportaje y el documental, sino entre el documental y la ficción. Una pregunta muy común en los coloquios de La Mami es: “Pero, ¿esto es un documental o es ficción”. La gente se confunde porque hay un nivel de cercanía con los personajes que hace que de repente no entiendan que sea un documental. Creo que el público la está valorando y eso es importante.

 

La película formó parte del proyecto Ibermedia, el programa de estímulo a la coproducción, en 2017. ¿Qué importancia crees que tiene este tipo de programas para el cine más independiente?

No hubiéramos tenido nunca una coproducción con España sin Ibermedia. Al final, inevitablemente, los fondos marcan mucho el ritmo y un poco la esencia de una película. No digo desde el punto de vista narrativo, pero sí de los tiempos de producción, de las alianzas que haces y que repercuten luego en otras cosas. No sé si la película hubiera tenido una distribución española ni hubiéramos estado nominados a los Gaudí, sino hubiéramos tenido una coproducción con España. Y eso se dio gracias a Ibermedia, porque al final, la financiación de España viene de parte de Ibermedia y poco más.

 

¿Es la financiación el problema principal a la hora de llegar a cabo un documental?

Creo que en España es muy complicado cuando eres una documentalista primeriza o estás haciendo tus obras primas. Es verdad que vengo de financiar mis películas en México y allí es un poco diferente. En México hay mucho más impulso para los nuevos directores y aquí cuesta mucho más hacer una película si eres nueva directora y además estás con una productora nueva. Este sistema de puntos, que contra más antigüedad tengas, más puntos tienes, hace que las que estamos empezando lo tengamos más difícil. Bueno, ahora ya no considero que estoy empezando, porque tengo dos películas, pero es verdad que para la gente que empieza es mucho más complicado.

 

Antes mencionabas uno de los temas que sueles tratar en tus películas que es el de la mujer. Al enfocar tu carrera en México, ¿es más difícil conseguir financiación con un proyecto protagonizado por mujeres o a las historias de mujeres se les presta menos atención?

Ha sido difícil encontrar financiación en general. A lo mejor tenía que ver con que la película era radicalmente feminista, cero hombres. Puede ser, pero no sé si es al 100% la causa. Ahora hay mucho cine documental hecho por mujeres. Y las mujeres al final miramos bastante a las mujeres porque es donde nos identificamos. No creo que sea ese el problema. Al final el cine documental sigue estando al margen de los fondos. No movemos grandes presupuestos. Cuando se trabaja en el margen se pueden hacer cosas más locas y libres. Puedes encontrar menos trabas. Si me dieran cinco millones de euros para hacer un largometraje en un baño donde no hubiera ningún hombre, seguramente tendría más problemas. Pero como no es el caso.

 

¿Cuál es tu siguiente proyecto? ¿Ya tienes nuevo documental en marcha?

Estoy empezando a escribir una cosa muy muy incipiente, una especie de híbrido entre documental y ficción. Más cerquita de la ficción. No me apetece contar mucho porque es muy incipiente. Tiene que ver con mujeres, con encuentros y sería rodado en España.

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