DENIS DELESTRAC: "pudimos aprender a bailar juntos o a bailar alrededor de él, mejor dicho. Sin molestarle, sin estar en el lugar equivocado cuando pasa algo y, sobre todo, a no intentar reproducir su trabajo".

28/06/2022

Este mes entrevistamos al director y productor Denis Delestrac que ha dirigido documentales como Freightened el precio real del transporte marítimo, Sand Wars y Banking Nature. En esta entrevista hablamos de su documental sobre el famoso fotógrafo y contador de historias McCurry, la búsqueda del color, que también ha rodado en nuestra ciudad.

Steve McCurry y tú os conocisteis hace ya unos cuantos años y, de hecho, con él realizaste tu primer trabajo como cineasta. Puedes explicarnos cómo surgió ese primer encuentro.

Nos conocimos en la India en 2001 e hice un primer minidocumental con él. De ahí nació una amistad que hemos mantenido durante todo este tiempo. Nos veíamos de vez en cuando, una vez en París, otra en Nueva york, otra en Barcelona. Este vínculo nunca desapareció. Hace siete años me pregunté, como director de cine, cómo una sola persona es capaz de contar tanto con una sola imagen. Porque nosotros rodamos mucho, 25 imágenes por segundo y tenemos una caja de herramientas muy amplia para contar historias. Pero el fotógrafo tiene su cámara y su mirada. Y solo con eso es capaz de contar en una sola imagen, en un solo fotograma, todo el sufrimiento o toda la esperanza de un pueblo. Por ejemplo, en el caso de los refugiados y de su imagen más famosa. Y tiene muchas más imágenes, no únicamente esa. Eso me fascinó. Una mañana llamé a Steve y le dije: “Oye, hacemos una película”. Y me dijo: “sí, venga”. Una semana después estábamos rodando en Asia.

 

Steve McCurry no es muy dado a hablar de sí mismo. ¿Te costó ganarte la confianza del fotógrafo para que se abriera en este documental?

Es una persona discreta, algunos dicen que incluso reservada. Porque deja, como muchos artistas, que su trabajo hable por él y prefiere estar detrás de la cámara. La gran suerte que hemos tenido es el acceso. Aceptó hacer esta película porque había una confianza mutua. Mucha gente había intentado hacer una película sobre Steve McCurry y siempre dijo que no. Y a mí me dijo que sí.

Fue un rodaje largo, por suerte. Porque en estos cinco años de rodaje por todo el planeta, hemos aprendido cada uno a respetar su espacio y, sobre todo, a dejarle trabajar y ser testigos de su realidad, de cómo encuentra una imagen, o de cómo a veces una imagen le encuentra, le apela o le llama. Y de ver su proceso creativo, que muy poca gente ha visto. Y de entender que está basado en la empatía, en el interés en contar la historia de los demás. Que a veces es una historia mucho más grande que solo una imagen o una mirada, sino que es una ventana al alma, que cuenta historias globales, que cuenta historias de cómo somos como especie, cómo nos relacionamos, nuestras contradicciones. Y de ahí, también el título: la búsqueda del color. El color siendo, en mi opinión, una metáfora de la diversidad. Creo que es una película muy actual en el sentido que, toda esta gran paleta de colores que somos, es una riqueza. La diferencia es una riqueza. Y es un buen momento para recordarnos que somos todos parte de la misma especie, estamos todos en una gran nave que gira, que va moviéndose en el espacio y que tenemos que aceptarnos y respetarnos y esto me parece muy importante.

 

En tus documentales, miras más allá de tu entorno. La arena de la playa te lleva a Sand Wars. La ropa que llevas y dónde está hecha a Freightened. En cierto modo es algo parecido a lo que hace Steve McCurry con sus fotos.

Hace 30 años esto de ser ecologista era una decisión basada en información. Ahora, creo que no tenemos elección. Somos todos ecologistas y esto es una buena noticia. Todos hemos entendido que tenemos que actuar, cada uno a nuestra escala, tenemos que informarnos y saber que este planeta es muy pequeño, que tenemos que cuidarlo para cuidarnos a nosotros y a los que vienen después.

 

No nos queda otro planeta para sustituirlo.

Algunos piensan que sí.

 

Estuviste cinco años rodando, como has comentado, ¿cuál ha sido la principal dificultad con la que te has encontrado a la hora de retratar al personaje?

A parte de las dificultades inherentes a rodar una película, como la logística, el trabajo en sí de artesanía, del viaje, de rodar, de montar,…Realmente, no muchas. Sino más bien retos. El reto de entender cómo trabaja un fotógrafo solitario. Y, sobre todo, dejarle y respetar su espacio para el beneficio de la película, para poder ser testigo de estas imágenes que aparecen. En la película de hecho, tenemos momentos muy interesantes donde no pasa nada. Steve va caminando por la calle y de repente, van saliendo historias, imágenes, una mirada que cuenta mucho. Y esto era básicamente rodar mucho y rodar cuando no pasa nada por si pasa algo. Y a veces pasa algo y es una maravilla. Que una cámara sea capaz de ser testigo de la realidad, del nacimiento de una fotografía que puede ser icónica y de todas las historias que hay detrás. Y también ser testigo de ese acercamiento y toda esta conexión que él tiene, que es también la imagen global de su obra, de que estamos todos conectados. Él lo aplica cuando sale a la calle con su cámara. Entra en este momento meditativo, como él lo llama, en el que todo encaja y en el que tienes la energía del lugar o de una persona que te ofrece una mirada cuando levantas la cámara. Es maravilloso ver esta conexión no verbal, casi Bluetooth entre dos personas, aunque sea por una fracción de segundo. Porque hay mucha generosidad y mucho respeto.

 

El fotógrafo tiene que ser invisible y vosotros también tener que ser invisibles para no interferir en su trabajo. ¿Cómo consigues ese distanciamiento, pero al mismo tiempo la cercanía?

Este rodaje fue por suerte largo, porque pudimos aprender a bailar juntos o a bailar alrededor de él, mejor dicho. Sin molestarle, sin estar en el lugar equivocado cuando pasa algo y, sobre todo, a no intentar reproducir su trabajo. El busca imágenes que cuentan una historia y yo busco contar su historia. No utilizamos los mismos códigos ni de luz ni de color. Se creó una especie de familia después de tanto tiempo viajando juntos a tantos lugares. No tenemos que hablar porque sabemos entender en qué momento está el otro. Y sabemos apuntar la cámara donde tiene que estar. Y esto es un estilo de rodaje muy interesante.

 

¿Te ha ayudado o ha cambiado de alguna manera el estilo de hacer fotografías de Steve McCurry a ti mismo como cineasta?

No su estilo de fotografiar, sino su disciplina. Esto sí que nos ha cambiado a todo el equipo. Es una persona que es capaz, después de un largo día de rodaje de 15 horas, de seguir tirando. Estás cansado, quieres irte al hotel, ducharte y relajarte. Pero él no para. Sus pilas nunca se acaban. Y esto lo hemos aprendido de él. La puntualidad, la disciplina. El gran secreto de estas historias contadas que pueden llegar a tanta gente es el trabajo duro. Y hay también una cosa que él repite mucho que es: la vida es corta. Es como un mantra. Yo creo que nos ha impregnado a todos esta idea de que, si queremos hacer algo, lo tenemos que hacer ahora y el momento presente es el más importante, porque el mañana no sabemos de qué está hecho.

 

Steve McCurry es mundialmente conocido por la foto de la niña afgana, pero no te has centrado en eso, lo que siempre se destaca de su obra. ¿Cómo te planteaste a la hora de montar el documental el hilo conductor?

Las sombras de imágenes icónicas con el tiempo se tienden a alargar y a eclipsar toda una obra. Y hacer el documental de la chica afgana no me interesaba. Este justamente es el documental anti chica afgana, es un documental sobre el creador de imágenes, el contador de historias. Y creo que este documental es muy relevante, sobre todo hoy en día, porque Steve tiene una vida admirable, tiene una mirada muy interesante que nos da una ventana privilegiada para entender cómo somos como especie y no puedes limitar esto a una sola imagen.

 

A la hora de montar un documental como este, ¿a qué dificultades te has enfrentado?

El documental lo escribes antes de llegar a rodar, durante y cuando acabas el rodaje, vuelves a mirar todo lo que tienes. En este caso 400 horas de material rodado en cinco años en todos los continentes. Te sientas, visionas y va apareciendo la historia, la vas escribiendo y vas montando. Y obviamente, la primera versión es inaguantable (risas). Vas montando versiones hasta que el día que aprietas el play y la historia te toca el alma, la fibra y te emociona. Y, sobre todo, cuando la historia es fiel a la realidad. Es obviamente subjetiva, porque la objetividad no existe, sobre todo en documental creativo, porque pasa a través de la mirada de un director, de un director de fotografía, de un montador, etc…pero yo creo que es fiel al personaje, a su vida y al valor de su obra.

 

Habéis rodado alguna parte del documental en Barcelona, ¿no?

Empezamos el rodaje en Asia, pero justo después rodamos en Barcelona una serie de entrevistas con Steve que son el eje principal de la película, es una ciudad que a Steve le encanta.

 

Vives aquí en Barcelona desde hace muchos años. ¿Qué te ha aportado la ciudad?

Me ha aportado una casa, una familia y un lugar donde me encuentro, en casa. Después de haber viajada y vivido en varios países, vivo aquí desde hace 24 años y mi casa está aquí. Si me preguntan si soy francés, les digo que soy de origen francés (risas), porque ya soy de aquí, he abrazado a la ciudad, la luz, pero también a la gente, su cultura, su historia, la respeto y me encanta.

 

 

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