¡Entrevistamos a Josep Amorós!

11/06/2014

Después de liderar la producción de proyectos como Los últimos días, Blancanieves, El maquinista, Tengo ganas de ti y Tres metros sobre el cielo, entro otros muchos, el nombre de Josep Amorós ya figura entre el top 10 de profesionales del cine catalán.

Galardonado con el Gaudí 2014 a la mejor dirección de producción, por Los últimos días de los hermanos Pastor, película con la que también optó al Goya, éste director de producción, nominado ya en anteriores ocasiones, lleva casi 20 años en el sector audiovisual y no ha parado de trabajar al frente de proyectos de ficción, documentales, comerciales y de televisión.

A principios de año, Josep Amorós volvió a filmar en Barcelona con Traces of Sandalwood, un largometraje dirigido por María Ripoll, que se rodó entre nuestra ciudad y Bombay. Ahora, mientras ultima los preparativos para la película Anacleto, nos ha dedicado unos momentos para mostrarnos su visión de la situación cinematográfica actual.

¿Cuáles fueron tus inicios en la producción audiovisual?

Fueron en el mundo del cortometraje. Mi primera película como Director de Producción fue Costa Brava de Marta Balletbò, ahora hará 20 años. No resultó fácil, pero ahora ves que valió la pena todo el esfuerzo. Tuve mucha suerte de encontrar profesionales que me ayudaron y que creyeron en mí. Gente como Jordi Cadena, Pastora Delgado, Luisa Matienzo, Paco Ramos y muchos otros han hecho que yo pueda dedicarme a esta maravillosa profesión.
Hay mucha gente que ahora está empezando y les animo a que continúen luchando para poder trabajar en este sector. No es fácil, pero se tiene que intentar.

¿Qué se siente cuando la Academia del cine catalana y la española reconocen tu trabajo?

El reconocimiento de las dos Academias es muy importante para un técnico, porque son los profesionales de tu sector los que votan y reconocen tu trabajo. Da muchos ánimos para continuar adelante con tu carrera.

Como productor, ¿qué es lo que esperas de una Film Commission?

Las Film Commission juegan un papel muy importante en el entramado de la preparación y el rodaje de una película. Lo que espero de ellas es que estén a nuestro lado, que nos ayuden en todo el proceso, en la búsqueda de localizaciones, con la coordinación de los permisos de rodaje, además de ser un buen interlocutor con las instituciones como el Ayuntamiento de Barcelona y la Generalitat de Catalunya. Y como no, atraer rodajes extranjeros para que filmen en nuestras ciudades.

¿Cuáles dirías que son las claves que un productor debe tener en cuenta para sobrevivir a la situación actual de la producción en España?

Es un momento complicado, no es fácil sobrevivir. Pero tenemos que continuar; es nuestra profesión y queremos trabajar en lo que nos gusta. No tengo claro cuáles serían las claves para salir de la situación en la que nos encontramos. Debe haber voluntad política para que esto funcione. En nuestro sector no falta creatividad, tenemos los mejores técnicos, unas localizaciones perfectas, actores, etc. Lo tenemos todo, pero nos falta una política que nos acompañe y que esté al nivel de las necesidades del sector.

Traces of Sandalwood, la última película que has producido, fue filmada entre Bombay y Barcelona. ¿Cuáles son los pros y los contras de trabajar en dos ciudades tan diferentes como éstas?

Fue toda una experiencia. Son dos ciudades muy diferentes, no se pueden comparar. Grabar en las calles de Barcelona es mucho más sencillo que grabar en Bombay, los permisos en la India son muy complicados de obtener, y al final es más sencillo rodar en platós. Sí que da un poco de envidia la cantidad de rodajes que tienen, pero cabe destacar la calidad profesional de los técnicos de allí. Barcelona es un gran plató y es fácil moverse, pero las ciudades que tienen 20 o 25 millones de habitantes (Barcelona tiene 1’6 millones) no son muy cómodas, las distancias son infernales y puedes estar en un coche 2 horas para llegar a una localización dentro de la misma ciudad. Eso sí, ¡rodar en la India es fascinante!

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