Alexia Kraft de la Saulx: “Una persona sola puede cambiar el mundo. Esa es la idea que quiero mostrar con los documentales que hago”.

26/04/2022

Con tres años, Alexia Kraft de la Saulx vino con su familia a España desde Bélgica. Aquí ha encontrado su vocación en el documental social. Con su corto El huerto de Robert ha ganado el premio del Eco Film Festival de Londres. Un corto que nos enseña que a través de la sostenibilidad se puede mejorar el mundo. Robert tiene su propio huerto en el tejado de su casa en Barcelona y comparte los vegetales que cultiva con sus vecinos. Hablamos con ella de este proyecto.

¿Por qué decides dedicarte al audiovisual?

Primero hice publicidad en Bruselas. Me encantó el lado artístico y creativo. Me encanta hacer cosas con mis manos y ver que hay un producto final. Pero no me gusta tanto contribuir a esta sociedad del vender más, de hacer más y sacar más provecho. No quiero contribuir al consumismo, sino a que las cosas se hagan mejor y que convengan mejor a las personas. Me pregunté cómo podía ayudar a la gente para que su vida fuese un poco mejor. Encontré un master llamado Interaction Design en Estonia y me fui a vivir allí dos años. Ese master de diseño interactivo consiste, en realidad, en contribuir a mejorar la cotidianidad de los consumidores creando o adaptando productos o servicios. No es crear cosas nuevas y decirles tienes que consumir, consumir, consumir sino decirles: “Estamos interesados en vosotros, queremos saber exactamente cómo utilizáis el producto, qué valores le dais, porqué lo utilizáis de una cierta manera o no”. Y buscamos esas cosas que funcionan o que no y, según esos valores, creamos un producto o servicio mucho más adaptado a ellos. Eso respetaba mucho más mis valores.

Cuando terminé me dije: “Me encanta, pero quiero algo más”. Siempre me ha gustado la fotografía. Desde que tuve mi primera cámara a los 18, al empezar mis años de publicidad, siempre iba por la calle por la noche a pasear y hacer fotos y cuando me iba de viaje siempre me la llevaba para hacer videos de mis viajes con mi hermana. Así empecé a editar y me di cuenta de que me gustaba. Al final del master me dije que me gustaría intentar hacer cine documental porque quiero hacer vídeos que enseñen soluciones positivas que una persona o un grupo de personas pueden usar para hacer que este sea un mundo mejor. Sé que suena muy idealista.

Me encanta el medio documental, pero hay tanto que se basa en lo negativo y los problemas, pero que realmente no aportan una solución. Quiero enseñar que hay problemas para los que existe gente que tiene soluciones. Que pueden ser soluciones pequeñas como la de Robert y adaptarla. Una persona sola puede cambiar el mundo. Esa es la idea que quiero mostrar con los documentales que hago.

 

¿Estudiaste cine documental o has sido autodidacta?

Después de mis dos años de master, vine a Barcelona y estudié en la sociedad de producción Otoxo Productions. La montaron dos ingleses hace unos ocho años en Barcelona. Lo que hacen es una formación profesional. Somos unos 12 alumnos a los que enseñan las bases de un documental, pero haciéndolo. Tenemos un único ejercicio que es realizar un documental con doce codirectores. Tienes que hacer la búsqueda del tema, qué asociaciones son interesantes o qué personajes, ir a hablar con ellos, hacer entrevistas, saber si hay potencial para una narrativa. Analizar todo eso juntos, escribir el documental y grabarlo. Cada dos días, por ejemplo, en parejas de dos grabamos, uno tiene la cámara y el otro dirige. Vas intercambiando papeles y al final tienes que revisar lo que has grabado. Aprendes todo el proceso hasta que tienes los 30 minutos del documental realizado. Luego te enseñan a enviarlo a festivales, para intentar ganar premios o ganar dinero también haciéndolo. Al final de esa formación profesional haces un corto documental en solitario de cuatro minutos máximo. Y así nació el documental de Robert.

 

¿Cómo escogiste el tema? ¿Qué es lo que te motivó de la historia de Robert? ¿Cómo lo conociste?

Soy una persona de campo, todo lo que son las plantas y el jardín, cuando estoy en la ciudad, lo hecho muchísimo de menos. Siempre que estaba en mi apartamento en Barcelona, buscaba semillas y las plantaba para hacerlas crecer o plantaba aguacates. Y al final en mi balcón tenía unas 20 plantitas empezando a crecer que iba repartiendo a mis amigos. Pensé: “Si yo puedo hacer esto, seguramente hay otra gente que estará haciéndolo, pero a un nivel más grande”. Y ya que me interesa este tema de cultivar tus propios vegetales en casa, en un lugar tan urbano como Barcelona, pensé que podría encontrar a alguien que hiciese más o menos lo mismo. Buscando, encontré un video de Robert de un youtuber que lo estaba entrevistando. Vi su Instagram, le contacté y directamente, el mismo día me respondió que le interesaba. Además, es muy amable. Que tu potencial protagonista esté tan dispuesto ya es un buen signo para mí. Fui allí, lo conocí y conectamos enseguida porque es un hombre muy gracioso, que tiene mucho humor. Te hace sentir a gusto con él, habla inglés y español y hace faltas cuando habla como yo (risas). Creo que conectamos bastante a ese nivel y también es una persona que sabe bastante y que aprendió de la nada. Y eso también me parece una cualidad interesante en la gente, ser autodidacta.

 

Sabe del tema y sabe transmitirlo.

Y quiere transmitirlo. El youtuber que vino a hacerle la entrevista le dijo que pensaba que tendría que tener un Instagram. Él no sabía nada de las redes sociales. Pero se metió en instagram, tiene sesenta y pico años, y tiene dos páginas, una en inglés y otra en español para adaptarse a su audiencia. Me gusta porque cree que tiene a mucha gente que le sigue. Como un influencer de los jardines.

 

 

¿Cómo fue el proceso de rodaje? ¿Cómo te planteaste hacer el documental?

Siempre consiste en hablar con la persona, intentar saber y obtener lo máximo de información sobre ellos para saber en la entrevista que vas a grabar qué tipo de preguntas e información quieres que él te vuelva a proporcionar. Le vuelves a hacer las preguntas que te interesan, así tienes la información necesaria para tener la voz en off y organizar el video con su propia voz, porque lo cuenta él mismo. Y una vez llegas a esa etapa tienes que transcribir todo lo que él ha dicho y elegir qué partes de la entrevista vas a usar para el documental. Una vez has hecho eso y tienes una idea de cómo lo vas a contar, ya en tu cabeza, tienes que pensar cómo lo vas a visualizar. Ahí te vienen todas las ideas. Y preparas una lista de planos que quieres: un primer plano de esta planta, de su cara, un slow motion de su cara mirando hacia arriba… y vas planificándolo todo.

Lo que fue superbién con él, es que Robert ya está acostumbrado a las cámaras. Cuando yo me ponía en posición, porque yo no puedo dirigirlo, en un documental te adaptas a la situación del protagonista, me decía: “¿Quieres que pase ahora?” (risas). O me daba ideas para grabar. Eso es lo bonito, que llegues a ese nivel de comodidad con tu protagonista. Y que estéis los dos motivados por el mismo objetivo.

 

Es un corto que habla de la sostenibilidad, ¿habéis aplicado la sostenibilidad también en el rodaje?

Como es un documental hecho por una sola persona, creo que eso ayuda. No hay que transportar a muchas personas, ni hacer 3.000 trayectos. Tiene menos impacto. El documental creo que también es una forma de grabación que es de bajo impacto porque ya en sí es adaptarse a la vida y las situaciones de los demás.

 

¿Fue más largo el proceso de grabar o la edición lleva mucho más tiempo?

Generalmente lo que lleva más tiempo es escribir el documental antes de grabar. Toda la preparación antes del rodaje, porque tienes que tener un concepto, una idea que guie tu documental, que tenga una narrativa. A mí a veces me tarda bastante. Creo que en todos los documentales pasa. La edición es lo más importante después. Cómo vas a hacer para crear una historia que tenga sentido. Pero como es un documental de cuatro minutos, yo te diría que todo el proceso tardó unas dos a tres semanas.

 

¿A qué dificultades te has enfrentado a la hora de plantear el corto?

Lo complicado en este proyecto era más bien encontrarle la narrativa. Porque en realidad es un tío que está en el tejado de casa cuidando de sus plantas. No hay realmente una narrativa en la que tiene un objetivo, quiere alcanzarlo y vemos la evolución para que llegue a él. La narrativa es mucho más sutil. He querido enseñar que es un ciclo, que empieza por la basura y al final esa basura se transforma en plantas, que las da a sus vecinos y sus vecinos tiran la basura y la basura vuelve a la tierra. Es una economía circular, para mí eso era la parte crucial del documental y la que he tardado más en pensar. A mí me encanta grabar así que grabar para mí era muy fácil. También a veces tienes un montón de planos y la dificultad está en saber qué cortar y no poner en la película. Dejarlo en cuatro minutos también es un desafío.

 

Acabas de ganar el premio en el Eco Film Fest de Londres en la categoría vida ética y sostenibilidad, ¿qué significa para ti este galardón?

Significa que mi carrera se hace realidad. Me estoy enseñando a mí misma que es posible dedicarme a esto. El premio consiste en dinero para hacer tu siguiente proyecto. Si puedo hacer esto toda mi vida y hacer un documental, ganar un premio que me de dinero para hacer otro, eso sería increíble. Sé que es un poco idílico, tendré que buscar otras formas, pero el premio me enseñó que soy capaz y que en realidad el trabajo que hago sí que tiene impacto y la gente sí que está interesada en lo que estas historias y esta gente tienen que decir. Eso me motivó bastante.

 

¿Es difícil el acceso a los festivales para alguien que está empezando?

No. Es muy fácil. A través de FilmFreeway. Es perfecto. Allí te pone todos los festivales del mundo, qué tipo de festivales son, el tema del festival, si es gratis o no. Puedes escoger las opciones que quieras. En mi caso, pongo festivales con temática de naturaleza o sostenibilidad. Solo tienes que preparar el dossier del documental y enviarlo al festival. Tarda tiempo, pero creo que es muy útil. No puedes contar con los festivales para ganarte la vida, pero creo que para los realizadores de documentales es una plataforma importante para enseñar lo que haces y si se te ha reconocido por tal o cual festival.

 

 

¿Qué otros proyectos tienes en mente?

Ahora estoy grabando otro documental. Estoy en plena producción. Es sobre un chico que se llama Víctor que promueve un estilo de vida diferente donde quiere integrar una movilidad que teníamos cuando éramos más pequeños y que hemos olvidado al hacernos mayores. Una movilidad de todas las articulaciones del cuerpo, de agarre. Y todo eso proporcionarlo en un medio natural y volviendo a explorar esa conexión con los árboles. Hace clases de movimientos animales en los árboles también. Y es superinteresante porque todo su estilo de vida gira alrededor de esa filosofía que tendríamos que integrar más en nuestro día a día para movernos. Porque cuando crecemos nos acostumbramos a solo andar o sentarnos.

 

Estamos más sentados que andando de hecho.

Exacto. Y él lo que hace es dar clases a gente interesada en reintegrar en sus hábitos del día a día esa conexión con la naturaleza, pero también con nuestro propio cuerpo. Algo que teníamos cuando éramos más pequeños y hemos perdido. Cuando era más pequeña trepaba a los árboles, me caía, tenía un montón de movilidad y me daba igual caerme. Su historia ya me parecía interesante, pero también tiene un desafío que es poder escalar una secuoya sin ningún tipo de ayuda, con las manos y los pies desnudos. Él escala así, se llena de barro, pero le da igual. Es precioso, porque vuelve a su estado más natural. Eso me encanta. Creo que voy a integrar ese desafío al final en este documental para darle ese toque de narrativa de a ver si lo consigue.

 

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